jueves, 28 de mayo de 2009

Argentina 1976 (2)

"El viaje hasta la población de Campaña, al norte de Buenos Aires, fue muy fatigoso; no teníamos medios para caminar por aquellas tierras; el calzado fue un martirio durante todo el trayecto. El arbolado y la espesura del bosque hacían que tuviéramos que efectuar un esfuerzo sobrehumano para poder avanzar, Alberto había decidido que caminar durante el día resultaría peligroso por lo que decidimos hacerlo al amparo de la oscuridad. El trayecto, aunque más seguro, hubiera resultado imposible de abordar a no ser, porque la luna llena en esos días, nos iluminaba los senderos que aparecían en las entrañas del bosque. Viajamos sin perderde vista la costa de la bahía, pero sin acercarnos a la orilla, hasta encontrar la desembocadura del río Paraná. Ascendimos por la margen izquierda avanzando tres noches hacia el norte. Los continuos meandros del río alargaban el trayecto pero también los hacían más protegido. El terreno a veces era inaccesible. Sólo nuestro empeño por llegar, puesto que en ello nos iba la vida, nos hizo conseguirlo. Al amanecer tras la quinta noche de huida divisamos las primeras siluetas de la población.
En Campaña no encontramos toda la ayuda que necesitábamos. Los amigos de Alberto también estaban vigilados; hasta allí había llegado el ruido de los sables, como se decía por quellos días en mi país. Pasamos una semana o quizás algún día más, no puedo recordar con exactitud, escondidos en una serrería..., en un cobertizo junto a una turbina que emitía un ruido ensordecedor, y apenas sin alimentos. La humedad del lugar, próximo al río, y el polvillo que producían los troncos al ser serrados hacía insoportable el lugar que por, otro lado, entendíamos era un buen escondite. Una noche, sin previo aviso, nos proporcionaron una chalupa, bote lo llaman ustedes, con la que cruzar el caudaloso Paraná. Nunca supe si querían deshacerse de nosotros por miedo a que los detuvieran, o si eligieron el momento perfecto para nuestra evacuación. Como quiera que fuese, la decisión fue acertada. Cruzar el río suponía, por el caudal del agua y sobre todo por nuestra falta de experiencia en el manejo de los remos, un riesgo más. El empuje de la corriente, a pesar de nuestros esfuerzos por cruzar lo más en línea recta posible, nos llevó hasta lejos del punto prefijado inicialmente en la otra orilla. Alberto no nos había dicho toda la verdad, sin duda para no preocuparnos más de lo que ya estábamos. El río Paraná quedaba a nuestras espaldas, sí, pero aún teníamos que recorrer más de sesenta kilómetros hasta llegar a nuestro destino: Nueva Palmira en Uruguay. El camino, despoblado en su mayor parte, no constituía en sí un peligro de que fuéramos descubiertos por los militares argentinos que no podían abarcar, lógicamente, toda la extensión del país. El problema eran los numerosos canales que tanto el Paraná como el río Uruguay producían en su desembocadura. El único factor que teníamos a favor era la estación del año en la que nos encontrábamos; al ser otoño, aunque el río Paraná fuese muy caudaloso, al igual que el Uruguay que aún teníamos que abordar, no sucedía lo mismo con la red de canales de estos ríos en sus amplios deltas. Estos canales eran relativamente fáciles de vadear a pie, pero eran tan numerosos que apenas sí avanzábamos. Nuestra marcha resultaba poco menos que agónica. Llevábamos alimentos para unos pocos días y en aquel lugar no resultaba fácil subsistir; la naturaleza no nos proporcionaba sustento en aquel mundo casi salvaje.
Descansábamos cuando nuestras fuerzas ya no podían soportar el dolor de nuestras piernas; aunque desde la distancia creo que más nos dolía el alma por todo aquello que estábamos perdiendo mientras nos alejábamos de nuestra patria, de nuestra familia, de nuestro hogar. Al atardecer del cuarto día llegamos junto a la orilla del río Uruguay. De nuevo la suerte, si aquella situación se puede llamar de fortuna, fue nuestra alidada: encontramos a unos pescadores que nos alquilaron una de sus barcas. Mientras cruzábamos nuestro último escollo, al pescador que nos acompañaba, extrañado por nuestra presencia en aquellas tierras, le explicamos la situación que habíamos dejado en la capital y, someramente, el porqué de nuestra huida. Aquel hombrecillo de piel atezada y con numerosas arrugas que cruzaban y enriquecían su rostro, no pudo por menos que sonreir. Al ver nuestras caras nos comentó no sin razón, que él no sabía si era argentino o uruguayo, que nunca se lo había planteado, que había nacido junto al río y nunca le habían dicho en la orilla en que le habían parido. Quizás fue la única nota alegre de nuestro viaje. Era ya de noche cuando divisamos las luces del Puerto de las Huigueritas, junto a Nueva Palmira. Estábamos en Uruguay".
Leonor calló. Roberto no había dejado de mirarle a los ojos. Estaba sentados en el Café Central, aquel local que les había unido sin que ellos se dieran cuenta.
"Y en Palmira empezó una nueva vida para mí y para Alberto -continuó Leonor su relato mientras sacaba un cigarrillo de la pitillera que Roberto le había regalado (para que te parezcas más a Laura Bacal le había dicho)-. Antonio, Rosario e Ismael decidieron quedarse hasta que pudieran volver a BUenos Aires; no querían romper con su pasado, sobre todo Ismael: la voz de Nuria le reclamaba, nos decía amenudo. Pobre Ismael, nunca volvió a verla. Nuria desapareció sin dejar rastro, como cientos de argentinos. ¡Hijos de puta! Lo que hicieron Videla y Massera fue la más feroz represión que ha conocido Occidente desde la segunda guerra mundial. De Antonio y Rosario tuvimos noticias, estando nosotros ya en Madrid, mientras estuvieron en Uruguay. Luego la correspondencia se fue espaciando en el tiempo. Nos enteramos que habían vuelto a Argentina muchos años después, cuando la relación entre Alberto y yo ya se había deteriorado".
-Bueno, basta de mi vida por hoy, que tú, mi amor, apenas si me cuentas nada de la tuya, y eso no es justo. ¿No crees?
-Es que la mía no se parece ni de lejos.
-Afortunadamente para ti.
-Afortunadamente -comento Roberto con voz queda.

3 comentarios:

  1. rafa te tengo que pasar una dirección dond epuedes publicar parte de tus cosas. Es una revista que se llama Narrativas y que publican cosas de autores en lengua español.

    ya te pasaré los datos para que le eches un vistazo. Tengo un post que habla de ello. Los editores de sueños.

    Un abrazo

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  2. Bueno, Rafa, actualizandome con todas tus entradas, agradezco enormemente poder disponer de tiempo para leerlas, me hacen viajar, recordar, y disfrutar. El incluir Uruguay en tus escritos, o tus pensamientos ( que al fin y al cabo es lo mismo) me emociona, porque aunque Madrileño soy por suelo, y orgulloso estoy de ello, mi origen es lo que me define, porque de allá son algunas de las personas que mas he querido y quiero en mi vida.

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  3. Que duro. Se esta poniendo muy interesante. Sigue que yo siguo leyendo.
    Beso.

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